lunes, abril 17, 2006

Esto de vivir afuera del país, lejos, a uno le complica bastante la vida. Si no voy para allá en mucho tiempo, extraño a todos y me da esa horrible sensación de que voy desapareciendo. De a poco siento que mi ausencia ya no incomoda tanto y que mis espacios han sido reciclados. Mi pieza sigue siendo mi pieza, pero los fines de semana mi abuela duerme ahi. En el depto de Córdoba ya no hay rastro de que yo pasé por ahi, sacaron mis fotos, mis pinturas, pintaron y cambiaron cortinas. El Bruno duerme en mi pieza, que es su pieza ahora y en lugar de una manta hindú con elefantes tiene un cubrecama azul y está muy ordenada.
Es como si me fuera desvaneciendo de la foto familiar, lenta y dolorosamente. Pero se que no es así. Que son mis fantasías.
Las últimas veces que fui para allá me angustiaba desde el momento en el que compraba los pasajes. Estaba la sensación de ir a tratar de ser feliz por un par de horas, y ver a todos y ser quien era para todos, y hacer de cuenta que nunca me fui. Así no hay corazón que aguante. Antes de llegar sabía que era falso, que me iba a tener que pegar la vuelta. Mi regreso era parcial y no estaba con nadie tratando de estar con todos.
Esta vez fue diferente, hice la que se me cantó. No fui a visitar a nadie, esperé que llamaran ellos, me tomé tiempo para comprarme botas (mucho mas baratas que acá), salí de compras con mi mamá, conocí a la novia de mi hermano, pinté huevos de pascua y me entristecí en el momento en que me tenía que entristecer.
Sorprendentemente, no me sentí culpable de volver acá, solo triste. Curiosamente no me dió ninguna crisis de pánico, solo pena. Y me sentí un poquito más libre.
Parece que se puede salir, no?