El jueves llegué a mi sesión de análisis decidida a romper con todo. Estaba feliz, sabía lo que quería y estaba dispuesta a dar el gran salto en mi vida, tomar las riendas de mi tiempo y lanzarme a lo que sea. Llegué fuerte, erguida, orgullosa y bella.
En medio de la sesión me dio una crisis de pánico y se fue todo al carajo.
Qué simple que me resulta a mi misma demostrarme que toda esa omnipotencia es tremendamente falsa, que la fragilidad está ahi y evidentemente todavía, al menos, no puedo lanzarme a ningún lado.
Me pasé toda esta semana tratando de saber que es lo que me asusta. El por qué del pánico. Cuando era adolescente era el miedo a los cambios, a mi propia sexualidad, a abandonar los lugares seguros. Hoy es el miedo a la muerte, y al fondo de todo, el miedo a la locura; que aparece como las garras de un monstruo que se esconde detrás de cualquier pared y muestra solo su mano. Haciendo saber que está ahi, aunque no ataque. El próximo paso, será enfrentarlo. Y el siguiente incorporarlo.
Al fin y al cabo, el heroe y el monstruo, son solamente pedacitos de mi.
